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sábado, 15 de mayo de 2010

Un adiós, una bienvenida



Dany estaba arrodillado en su jardín, frente a un viejo par de zapatos. Éstos se encontraban entrelazados por cordones, firmemente anudados. Su rostro denotaba entre pesadumbre y emoción.
-Caminamos mucho juntos, y la pasamos como pudimos- dijo melancólico. -¿Recuerdan cuando los empapé en la inundación? Quedaron mojados por casi una semana. Lo lamenté demasiado... De verdad.
También perdón por golpearlos tan seguido con la pelota, pero soy así, y ya estoy grande para cambiar. En realidad, siempre supe que sabrían comprender. Los buenos amigos hacen eso. Y me bancaron...
Estuvieron en mis desvelos y esperanzas...
En mis logros y fracasos…
Y en mis sueños. Siempre junto a mí.
Me condujeron por rutas que jamás imaginé...
Me llevaron a conocer a Lara, a plantarme en su camino y a no irme jamás de su lado. Me acompañaron cuando nació Patricio y juntos aprendimos sobre ese otro gran amor. El de ser padre... Y eso no tiene precio.
Me dieron su vida y yo la mía…
Créanme que jamás los olvidaré. Adiós, compañeros...- se despidió Dany- y gracias.
Guardó los zapatos dentro de una caja de cartón y se aproximó a la fosa que él mismo cavó. Colocó la caja en el pozo y con una pala, cubrió de tierra la pequeña sepultura.
Cuando finalizó se aproximó a una caja cerrada, ubicada en otro punto del jardín. La abrió y extrajo un par de zapatos nuevos. Los colocó en el suelo y se arrodilló frente a ellos.
-Bienvenidos a casa. Mi nombre es Daniel -dijo. - Confío en que sabrán adonde llevarme.
Sin más, los recogió y partió hacia dentro de su hogar.